Jenny y el taxista

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Jenny tenia un “novio”, que además era su proxeneta (llamemosle Pablo).  Fue casualidad, dice ella. Ambos buscaban empleo y no me dijo a quien se le ocurrió la idea, pero el comenzó a buscarle clientes por una pagina de Internet y ella a hacer el trabajo fuerte. Prostituirse.

Un dia, Pablo le consiguió un cliente en otra provincia. Le aseguro que estaría bien, que confiara en él. El cliente la pasaría buscando en una parada de buses. Jenny solo tenia el dinero suficiente para llegar al lugar de encuentro, pero  confiaba en que el cliente le pagaría bien y con eso podría regresar a su casa. No tenia los datos del cliente, no sabia nada de él, solo confiaba en Pablo (quizás demasiado). Tenia que llegar temprano en la mañana al lugar del encuentro.

Mas de dos horas de viaje la llevo hasta la parada, sin dinero y esperando a alguien que no conocía. Estaba vestida de forma muy recatada, jeans, una blusa cubierta y una chaqueta. Espero por mas de una hora y el hombre no llego, era casi mediodia. Sin dinero, sin conocer bien la provincia porque pocas veces salía de la suya, llamo llorando a Pablo.

-Qué hago? Cómo regreso? Por qué el cliente no llego?- El trataba de calmarla pero estaba desesperada. De repente, un taxi se detuvo frente a ella. Aun con el teléfono en su oído le comento a Pablo que un taxi le hacia señas. El respondió.

-Bueno, ya sabes que hacer- Ella colgó y se acerco al taxista.

-Estas bien? Necesita ayuda?

-Si… es que.. quede con unos amigos del trabajo y me dejaron embarcada. No tengo dinero para ir a mi casa-

-Que mal. Y donde vives?-

-A dos horas de aca-

-Uuuyy si, esta bastante lejos, yo cobro $30 hasta alla, pero móntate y hablamos, quizás lleguemos a un acuerdo-

Ella se sento en el asiento delantero del carro.

-Yo puedo llevarte- Prosiguio el taxista- pero necesito algo a cambio, tu sabes. Este es mi trabajo y tu eres bien bonita- Ella intento hacerse la inocente pero viendo que el taxista era tan directo, decidio adelantársele.

-Esta bien, tu quieres estar conmigo a cambio del viaje. Pues, yo te propongo que me pagues $30, y lo hacemos. –

-OK. Te pago cuando terminemos –

-No, págame por adelantado-

El taxista busco entre sus cosas un paquete lleno de billetes, saco los 30 y se los entrego. Ella los metio en un bolsito cruzado que cargaba. El comenzó a recorrer calles que ella no conocía, estaba nerviosa pero a la vez tranquila de que tenia el dinero en su poder.

Llegaron a un lugar muy alejado y desolado.  EL taxista acomodo los asientos delanteros para estar mas comodos en la parte trasera. Se sento junto a ella y comenzó a tocarla sobre la ropa, las piernas, los senos, ella solo dejaba que hiciera lo que tenía que hacer, le pidió que se quitara la chaqueta y la blusa. Lo hizo. Él se quitó la camisa y dejo ver una gran cicatriz en su pecho. El de seguro noto la cara de sorpresa que tenía Jenny,  pues le dijo que había salido de la cárcel hace un año y que ese fue el recuerdo que le quedo. Ella se asustó mucho pero hizo su mayor intento por disimularlo.

El taxista le acaricio los seno bruscamente, los metió en su boca, alternando de uno al otro, ella solo cerraba los ojos y lo dejaba hacer. Su mente viajaba, a su casa, a su cama, a algún lugar que le diera paz.

-Ven, chúpalo!- Jenny abrió los ojos y se dio cuenta de que el taxista tenía el pantalón un poco abajo dejando su pene al descubierto.

-No quiero- respondio de manera instantánea. Los ojos del taxista se abrieron, su cara cambio totalmente, y bruscamente le dijo.

-HAZLO!- ella bajo la cabeza y se lo metio en la boca. Tenía un sabor agrio que le dio ganas de vomitar pero  solo intentaba seguir para que acabara pronto. No pensaba, no podía racionalizar, no le importaba que no tenia condon, no penso en las enfermedades, solo quería terminar.

Bruscamente la saco de allí, la coloco de espalda a el, le bajo el pantalón y la penetro. Con cada envestida una lagrima salía de sus ojos. Luego de unos cinco minutos, salio de su vagina, busco una servilleta y eyaculo en ella.

Jenny se comenzó a vestir en la parte trasera y el taxista ocupo su puesto de conductor y encendio el carro.

-Por que no te sientas aca al lado mio?- Le pregunto. Pero a Jenny se le despertó una alerta. No sabia exactamente por que, pero sentía que el taxista tenia alguna mala intención.

-Aquí estoy bien, no te preocupes-

-Pero siéntate aquí, estaras mas comoda, yo no muerdo, ya viste que no muerdo- El taxista se rio. Comenzó a desconfiar mas. Vio alrededor y recordó que estaba en una zona alejada y no habían casas cercas.  De repente pensó “ y si al bajarme me deja aquí?- Se negó nuevamente intentando tener una sonrisa en el rostro.

El se rindió y comenzó a manejar. Jenny buscaba con la mirada, desesperadamente, calles con personas o que pasara algún bus para llegar a su casa.

Luego de unos minutos, comenzó a ver calles habitadas y efectivamente unas paradas de buses.

Como si el adivinara su pensamiento, le dice

-Sientate aquí, al lado mio, yo te llevare a alguna parada. No tengas miedo, mira, hay calles por aca y hay gente, no te voy a hacer nada- El taxista orilló el carro y lo detuvo, sin apagarlo.

Ella lo pensó un momento. Que mas le puede hacer este tipo que no le haya hecho ya? Se coloco el bolso cruzado donde tenia el dinero, su celular y su identificación. Abrio la puerta, se bajo. El taxista le abrió la puerta delantera, eso le dio confianza “no me va a dejar aquí, y si lo hace tengo los $30 dolares y podre irme a mi casa” Pero apenas ella se inclino para sentarse, el taxista tomo el bolso cruzado con una mano, tan fuerte que se lo arranco y con otra mano la empujo, acelerándola y dejándola en el piso, sin dinero, sin saber exactamente donde estaba,  y con la dignidad por los suelos.

Mucha gente se acerco a ella, para saber si estaba bien. Llorando, sentada en el piso, solo decía, entre sollozos “me robaron”.

Le preguntaron que le había pasado, solo les conto que tomo un taxi y cuando se iba a bajar el tipo la robo.  Una persona le dio 10$ para que tomara el bus a su casa, y la acompaño, tomando un bus que la dejo en parada donde comenzó todo.

-Seguro estaras bien?, de aqui tienes que tomar el bus hasta el terminal y de alli a tu casa-

-Si, no se preocupe, y gracias- El muchacho se alejo.

En la parada de buses, ella no dejaba de llorar, pensando en como la robaron y en todo lo que tuvo que hacer. No tenia celular y había perdido el numero de su “novio” y el contacto con el para siempre.  Estaba lastimada por dentro y por fuera, intentaba no llorar pero las lagrimas salían solas.

De repente un taxista se detuvo frente a ella

-Señorita, esta bien?, por que llora?- Ella levanto la vista.  Penso “Ya no tengo nada mas que perder” y con este pensamiento derrotista y negativo se acerco al taxista. Le dijo que no tenia dinero, que la robaron y no sabia como regresar a su casa. El taxista se ofrecio a llevarla a su casa y ella acepto. Ya no le importaba nada.

Paara su sorpresa, este taxista cumplio su palabra, sin pedir nada a cambio. La llevo hasta la puerta de su casa y fue amable con ella todo el tiempo.

Jenny me cuenta esta historia que le paso hace unos diez años, sigue dolida y molesta. Nunca mas vio a aquel taxista pero me dice que tiene deseos de venganza, una rabia acumulada por años y años hacia este señor. No recuerda su cara, ni su voz. Solo recuerda lo mal que se sintió por ella misma, por tomar decisiones erradas y por ese idiota que se aprovecho de ella. Y lo peor es que no es la primera ni la ultima. ” Solo queda aprender de las experiencias”, le respondo y pienso en lo arriesgado que este oficio. Mientras se sigue desahogando contándome sus aventuras y en ocasione, sus desventuras.

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